15 de junio de 2016

Un respiro para Macri

El ex secretario de Obras Públicas, José López, fue detenido en la madrugada de ayer en un convento de General Rodríguez cuando, según él, pretendía donar cuatro bolsos y una valija llena de dólares no declarados, lo cual provocó una gran conmoción en todo el arco político.


Por Daniel Péndola | El gobierno celebró la detención del hombre que durante doce años acompañó a Julio De Vido en Infraestructura, en una suerte de alivio tras la caída en las encuestas y el malhumor social causado por las medidas antipopulares.

El acontecimiento insta a pensar si López salió a la madrugada para ocultar una millonaria suma de dinero por un apriete, por más que un vocero del gobierno haya descartado la idea. La situación es indignante pero a la vez es todo un misterio por resolver.

Elisa Carrió aseguró: “Dios se burla de sus enemigos y hace justicia”.

El abogado Gabriel Izzo, especialista en temas de corrupción, sostiene que el funcionario actuó de manera tal porque “algo lo asustó”, ya sea por un presunto allanamiento del fiscal Federico Delgado o porque le iban a “mejicanear” el efectivo.

Además, la gran sorpresa fue que todos los arcos políticos repudiaron a López. Todos. Incluso quienes hacían vista gorda a los hechos de corrupción o que descartaban las denuncias que se realizaban, aunque vale destacar que a veces eran insostenibles.

Los dirigentes del núcleo duro del kirchnerismo y del Partido Justicialista no quieren acatar la responsabilidad, se tiran la pelota embarrada unos a otros y aumentan la brecha que yace en su interna, la cual desde hace seis meses ocupa el rol de oposición.

El Consejo Nacional del PJ expresó ayer en un comunicado su “más enérgico rechazo a las conductas emparentadas con la ilegalidad, la corrupción y la tenencia de dinero no declarado”, mientras que Luis D’Elía replicó: “En el convento de Rodríguez no estábamos los impresentables de Miles sino José López, el secretario del PJ de Gioja y Scioli”.

En conclusión, no hay conclusión, sino que es un final abierto que invita a preguntarse: ¿De dónde sacó López tanta cantidad de dinero? ¿Qué lo llevó a terminar escondiendo fajones de dólares en un monasterio por la madrugada?

14 de junio de 2016

"No existen hechos, solo interpretaciones"

Los periodistas más conservadores insisten en apostar a la imparcialidad y evitar de esta manera mostrar su ideología y postura política, pero ¿es posible ser neutral o es sólo una falsa ilusión que se pretende instalar? ¿Existe una sola realidad de los acontecimientos?


Por Daniel Péndola | El lingüista Van Dijk afirma que el discurso periodístico es impersonal porque no está expresado ni producido por un único individuo, sino por organizaciones institucionales, aunque esto no quiere decir que esté libre de subjetividad.

El holandés echa por tierra la existencia de un estilo “neutro”, puesto que el uso del lenguaje no es posible sin reconocer una posesión definida e incluso la elección de las palabras juegan su papel porque tienen una intrínseca relación con las actitudes e ideologías del hablante.

El filósofo Schopenhauer aseveraba que el estilo no es otra cosa que “la fisonomía de la mente”, criterio al que ya había hecho referencia Buffon cuando acuñó que “el estilo es el hombre mismo”, es decir, no es más que una proyección de la propia personalidad que tiene cada sujeto.

Foucault se apoya en la tesis de Nietzsche: «No hay hechos, hay interpretaciones», para explicar que el poder es el que dispone de los medios de comunicación para imponer sus intereses a los demás. con el fin de dominar las voluntades y las conciencias en beneficio propio.

En los últimos años, esta tesis es utilizada por los poderes institucionales para tratar de manejar los medios y así difundir repetidamente la versión que estratégicamente les benefician, con el fin de alcanzar los objetivos de control de masas y sacar ventaja políticas y económicas.

El discurso periodístico no está exento de diversos puntos de vista ni de juicios del valor. Por lo tanto, la objetividad es, tal y como lo define el científico austríaco Heinz von Foerster, “la ilusión de que las observaciones pueden hacerse sin un observador”.

5 de mayo de 2016

Régimen Conservador Oligárquico

A partir de 1880, Argentina se caracterizó por la coexistencia en su seno de dos Repúblicas, una "abierta" que proclamaba el imperio irrestricto de las libertades civiles y una "restrictiva", condicionada por el fraude electoral sistemático.


El 12 de octubre de 1880, Roca asume la Primera Magistratura de la Nación, concentrando todos los atributos del poder. Con su asunción comenzó a consolidarse el proceso de formación del Estado nacional. La formación de un aparato de seguridad otorgó al poder central el monopolio legítimo de la violencia frente a toda disidencia interior o peligro exterior que amenazara la soberanía territorial. Las campañas militares contra los indígenas permitieron la ocupación definitiva del sur argentino.

La formación de un aparato administrativo implicó la expansión de la burocracia central. Se conformó un sistema de obtención y distribución de los recursos fiscales de la Nación y el gobierno pasó a controlar la salud pública. La educación, en manos del Estado central, pasó a constituirse en una importante fuente de poder y legitimación.

El poder Ejecutivo Nacional fue reforzado, mientras que los poderes provinciales y municipales quedaban debilitados. Para reducir tensiones generadas, se recurrió a la práctica frecuente de nombrar y/o sustituir gobernadores desde el poder ejecutivo central.

En 1886, asumió Juárez Celman, que reveló el montaje de un sistema político de transferencia de poder mediante el cual un reducido número de participantes logró excluir a la oposición considerada peligrosa para el mantenimiento del régimen, y cooptar por el acuerdo a la oposición moderada, con la que se podía transar sobre cargos y candidaturas. En esta República restrictiva, los únicos que podían participar en el gobierno eran aquellos habilitados por la riqueza, la educación y el prestigio.

A través del Partido Autonomista Nacional, emergió un Estado estrechamente ligado a determinados sectores económicos y sociales. Los políticos profesionales que operaban en el orden nacional poseían orígenes sociales similares y formaban un círculo muy cerrado: familias tradicionales, estancieros, miembros de clubes selectos, etc.

La fuerte expansión económica y la población extranjera facilitaron la permanencia de la elite dirigente, en un sistema en el que las elecciones eran manipuladas, lo cual daba lugar a cuestionamientos provenientes de los sectores desplazados de la oligarquía.

Las relaciones de poder económico y social del orden conservador aparecían cubiertas, desde el punto de vista institucional, por el control de la sucesión a propósito del poder presidencial, del senado, del poder central sobre las provincias y la manipulación del sufragio.

El sinceramiento no cesa

La inflación llegó al 40% en los últimos cinco meses y la falta de control e intervención del Estado lleva a los consumidores de clase media a buscar nuevos rumbos, como ocurre en el caso de los “negocios villeros”, donde los precios son mucho más accesibles.


La Asociación Civil de Defensa de Usuarios y Consumidores (DEUCO) afirmó que los vecinos acuden a los barrios de emergencia de la Capital y el Conurbano para hacer las compras, debido al descomunal aumento en los alimentos y el dolor que provoca en el bolsillo de la gente.

Por ejemplo, en los hogares de Isidro Casanova aseguran que llegar a fin de mes se volvió un gran desafío, por lo cual prefieren transitar caminos más largos para que el dinero rinda un poco más y, de esta manera, evitar el valor de los productos de los supermercados.

El titular de DEUCO, Pedro Busetti, sostuvo que en las villas “los consumidores pueden encontrar mejores precios porque los comerciantes no pagan alquiler ni otros gastos”, y remarcó: “Esto pasó siempre pero ahora se convirtió en algo llamativo”.

El valor de bienes básicos como la carne, la fruta y la verdura denota una gran diferencia y es mucho más conveniente en estos comercios. Por ejemplo, el kilo de milanesa cuesta 75 pesos mientras que en los barrios residenciales llega a 90.

El éxito de los “negocios villeros” es un fenómeno de consumo que se ha incrementado por la inflación y es un claro reflejo del estancamiento de la economía. La costumbre de ir a La Salada por ropa o electrodomésticos a precios bajos pasó a necesidades más inmediatas, como la comida.